Sobre nosotros

Los primeros años
Los primeros años del pasado siglo XX mostraban una España que sufría tiempos difíciles, en una sociedad que pasaba, en ocasiones, hambre y necesidades. En ese complicado ámbito social, Gregoria Rodríguez, una mujer adelantada a su época, acondiciona una finca de labranza como merendero y bar, gracias a un patio al aire libre que contaba con bancos de piedra y zonas de descanso para todos los que paseaban por ese rincón de la ciudad.
Gregoria, conocida como La Goya (de ahí el nombre actual del restaurante), contó pronto con la ayuda de su hermano menor Nicolás y la mujer de este, Matilde Molina. En ese entonces comenzaban a ser populares sus guisos caseros: ensaladas, tortillas en diferentes versiones (de patatas o de berenjenas), conejo o pollo en pepitoria.
La llegada de la Guerra Civil (1936-1939) conllevó también la confiscación de la casa de comidas por parte del ejército italiano, que empleó las caballerizas para la fabricación de neumáticos recauchutados. A lo largo de esos años solo permaneció abierto el bar, aunque el final del conflicto bélico supuso la marcha definitiva de los transalpinos.
Los hermanos Rodríguez retoman a partir de ese momento el mando del negocio, pero pocos años después Gregoria, que nunca llegó a casarse, fallece. Había dedicado su vida a la hostelería, un trabajo muy sacrificado: en la memoria de todos los que la conocieron se mantiene como una mujer valiente, generosa y bondadosa. Sin descendencia, deja a su hermano en herencia La Goya.
La segunda generación
El matrimonio toma la determinación de mantenerse al frente del restaurante, al contar con la inestimable colaboración de sus cuatro jóvenes hijas (Gregoria, Rilar, M.ª Luisa y Aurora), que con el paso de los años se convierten en el principal sustento de La Goya.
El local, ya plenamente consolidado, cuida su fiel clientela con una oferta culinaria que respeta la máxima calidad de las materias primas y que ofrece un exquisito cuidado en sus elaboraciones. Son clásicos de entonces recetas como la menestra de verduras, patatas a la importancia, arroz con pichones, perdices estofadas. Asimismo, la celebración de bodas era habitual en La Goya durante las décadas de los 50 y 60, con un menú fundamentado en entremeses, merluza rebozada y pollo o lechazo.
A lo largo de esos años e incluso antes era también una costumbre en la familia levantarse muy temprano para sacrificar los pollos y conejos del corral o para desplazarse andando a los pueblos más cercanos para adquirir los mejores productos. Su única fortuna era contar tanto con una huerta como con un corral. “Era una vida llena de sacrificios”, recuerdan ahora.
Las cuatro hijas también se casan y algunos de sus futuros descendientes, con el transcurso del tiempo, se irán incorporando al restaurante. La hija mayor, Gregoria, que había estudiado Comercio, contrae matrimonio con el joven Paciano Barrientos, procedente de Valencia de Don Juan (León), al que había conocido mientras realizaba el servicio militar en la cercana sede de Aviación.
La tercera generación
Actualmente los fogones los dirige Pilar Rodríguez y Matilde Barrientos, hija de Gregoria y Paciano, al tiempo que los comedores los comandan Ricardo González, jefe de sala, y Roberto y Gonzalo Álvarez, los respectivos hijos de M.ª Luisa y Aurora. Tres de las incombustibles hermanas (Pilar, M.ª Luisa y Aurora) siguen al pie del cañón “hasta que el cuerpo aguante”.
Nuestra ubicación actual es inmejorable, en una de las zonas más elitistas de Valladolid, frente a Las Cortes de Castilla, la Junta de Castilla y León, el Monasterio del Prado y el Museo de la Ciencia.